El esqueleto de algo.
Hacer un listado de las cosas que me asustan. [Huir, por ejemplo].
Tomar nota del sitio y de la hora.
No dejar el cuerpo olvidado en las cafeterías.
El esqueleto de algo.
[Huir, por ejemplo]
La piel oscura/la piel que roza el sueño.
Cosas que me asustan. [Como ejemplo, la locura].
El esqueleto de mi sombra/de algo.
viernes, 16 de agosto de 2013
jueves, 1 de agosto de 2013
Los días negros.
Una de las cosas que he tenido que aprender en terapia es a aceptar que habrá días negros, de nuevo. Es difícil aceptar esta perspectiva tras varias sesiones en las que todo marcha bien, en las que el malhumor y la tristeza no han estado presentes y en las que el control de emociones ha ido en aumento. Pero es verdad, por más que aprenda a identificar mis distorsiones y a convertirlas en pensamientos funcionales basados en la evidencia, tarde o temprano llegará algún día negro a perturbarme. Es entonces cuando empieza la verdadera batalla, es entonces cuando toca elegir: pelear contra esa oscuridad o dejar que me cubra por completo.
Ha ocurrido. Ese manto oscuro lleva varios días cubriéndome, hasta ahora me he dedicado a mantenerlo a raya, procurando que no me toque demasiado, buscando zonas que aún están un poco iluminadas; corro el riesgo, lo sé, de que por aplazar la lucha, la oscuridad se adhiera a zonas de mi vida que empezaban a brillar. Quizá escribirlo sea el inicio de esta guerra. Quizá sea el momento de buscar las ideas que mantienen estos días negros y modificarlas. Quizá aceptar que los días negros han vuelto sea el comienzo una pelea que esta vez pienso ganar.
viernes, 12 de julio de 2013
Paisajes.
Un campo arado. Terrones. La cosecha que espera.
El mar. Transparente. El color del viento azotando el agua. Polvo que toma forma de arena.
La lluvia inunda el patio. En el huerto la vida ríe. Un relámpago: el miedo.
Un cuarto. Una cama. El televisor que nadie mira. Un cumpleaños que nadie reconoce. Los 18 y el silencio.
La avenida imposible de cruzar. La multitud. El ruido. Un insecto diminuto entre las calles.
La pantalla. El procesador de texto creando hileras de palabras.
Este paisaje. Los otros.
jueves, 11 de julio de 2013
Canícula.
Lo más profundo.
La piel que arde tras el sol. El ruido de las vértebras bajo el incencio.
¿Qué es este vapor?
¿Y ésta rabia que se esfuma?
¿Qué es el grito que sale de tus hombros?
La canícula tu nombre.
[Y el tiempo. Y la espera]
¿Qué es esta llamarada que funde los terrones?
La piel que arde tras el sol. El ruido de las vértebras bajo el incencio.
¿Qué es este vapor?
¿Y ésta rabia que se esfuma?
¿Qué es el grito que sale de tus hombros?
La canícula tu nombre.
[Y el tiempo. Y la espera]
¿Qué es esta llamarada que funde los terrones?
lunes, 8 de julio de 2013
Pixeles.
Lo cierto es que recuerdo. Todo el tiempo te recuerdo. Me recuerdo. Nos recuerdo.
Lo cierto es que evocar aquellos años me da paz. Que todo lo dicho, que los tiempos, los tragos, el humo y las palabras siguen aquí, en el espacio que mi memoria nombra "familia".
Y aquellas carreteras. Las que nunca recorrimos. Las cosas que dijimos a destiempo. Los abrazos que llegaron años después. Las ausencias. Este ir y venir. Los cambios. El insomnio.
Aquellas carreteras. Las que quisimos cruzar. Las que juramos que jamás pisaríamos. La presencia un día cualquiera. Los libros y esas historias que escribimos a dos manos.
Las fotografías, miles de ellas. Discos duros repletos de momentos. Nos tocó esta época. No ha habido fotografías reveladas estos años. Sólo pixeles que nos mantienen cerca.
Lo cierto es que nos recuerdo todo el tiempo y en memoria sigues ocupando el espacio señalado.
Los hay...
Hay quienes caen en su propia trampa. Los hay. Igual que aquellos que se dejan devorar por la noche. Que cierran los ojos y dan un paso hacia la línea. Hacia el hilo. Un paso en un punto sin retorno.
Otros más cuelgan cortinas en lugares que no les pertenecen. Pintan paredes, atornillan puertas. Colocan el decorado que otros no verán. Los hay. Los otros. Esos que no conocen más que los nombres que los días colocan en su patio. Esos que evitan el paso hacia el punto sin retorno. Y la línea. El hilo.
Otros más cuelgan cortinas en lugares que no les pertenecen. Pintan paredes, atornillan puertas. Colocan el decorado que otros no verán. Los hay. Los otros. Esos que no conocen más que los nombres que los días colocan en su patio. Esos que evitan el paso hacia el punto sin retorno. Y la línea. El hilo.
domingo, 7 de julio de 2013
De viaje en viaje.
Llevo ya casi siete años mudándome de un blog a otro, cambiando mis palabras, el tono, la ortografía, el estilo y hasta el sentimiento. Todo lo posteado se ha convertido en parte de mis diarios de viaje. Y no, muchas veces no reconozco a aquella que escribía con mayúsculas y pregonaba su corazón herido. Y no, no reconozco a la de la esperanza vana, a la del optimismo producto de una noche de canciones. Estaba huyendo. Huía a través de los cambios de url o a través del diseño de mis bitácoras modificado una y otra vez.
Muchas veces estuve cerca de ser quién quería ser. Cerca. Muy muy cerca. Pero no era el tiempo. No era el tiempo exacto.
Mi memoria no me engaña, recuerdo las sonrisas, la esperanza, recuerdo también aquella tristeza que durante mucho tiempo no conseguí eliminar, recuerdo tantos y tantos y tantos errores. No. La memoria ni estos diarios mienten. Las frases en clave siguen siendo comprensibles para mí. Aún sé identificar qué alegría explican o que miedos ocultan. Aún sé cosas que más valdría olvidar y cosas que quiero guarecer en mi memoria. Me he perdido tanto. Me he encontrado tantas veces. Que ya no sé si la que de ahora es la misma de hace años. No lo sé, pero me gusta. Me gusta su nueva calma, su sonrisa. Me gusta que no está siempre enojada y que sabe perdonar y perdonarse. Tiene mi nombre y el mismo andar sin garbo. Tiene mi nombre, pero ha aprendido a ser feliz.
Muchas veces estuve cerca de ser quién quería ser. Cerca. Muy muy cerca. Pero no era el tiempo. No era el tiempo exacto.
Mi memoria no me engaña, recuerdo las sonrisas, la esperanza, recuerdo también aquella tristeza que durante mucho tiempo no conseguí eliminar, recuerdo tantos y tantos y tantos errores. No. La memoria ni estos diarios mienten. Las frases en clave siguen siendo comprensibles para mí. Aún sé identificar qué alegría explican o que miedos ocultan. Aún sé cosas que más valdría olvidar y cosas que quiero guarecer en mi memoria. Me he perdido tanto. Me he encontrado tantas veces. Que ya no sé si la que de ahora es la misma de hace años. No lo sé, pero me gusta. Me gusta su nueva calma, su sonrisa. Me gusta que no está siempre enojada y que sabe perdonar y perdonarse. Tiene mi nombre y el mismo andar sin garbo. Tiene mi nombre, pero ha aprendido a ser feliz.
Es feliz y quiere regresar.
domingo, 14 de abril de 2013
Amor es... ¿lavar los platos?
Ya son cinco años. Cinco largos años. No ha sido fácil para mí aprender a dejar mi soledad y el egoísmo con el que uno que uno aprende a convivir cuando se está solo.
Ha sido difícil aprender que somos diferentes y que no debo presionar para provocar cambios que no necesariamente son buenos. Ha sido difícil luchar contra todas las historias tristes que me han perseguido desde la infancia. Ha sido difícil aprender que puedo ser una mejor versión de mí misma. Ha sido difícil pasar de ser una "adolescente" de 23 años a una mujer de 28. Sí. Ha habido un montón de cosas difíciles en esta relación. Pero hoy, a la una de la mañana he descubierto que me gusta en lo que nos han convertido todas esas dificultades. Me gustan mis esfuerzos y sus esfuerzos. Me gusta ceder. Me gusta que ceda. Que lleguemos a acuerdos. Que hagamos pequeñas cosas que nos hacen felices. Que hablemos. Y hablemos. Y hablemos. Hasta solucionarlo todo. Me gusta descubrir, después de estos cinco años, que amor también es lavar los platos a la una de la madrugada y sonreír porque mañana ella no tendrá que hacerlo.
lunes, 10 de septiembre de 2012
PERFIL DE SOLEDADES (Amparo Dávila).
PERFIL DE SOLEDADES
I
Si alguien hubiera dicho:
la soledad se nutre de párpados caídos,
de silencios dormidos en la noche del ángel;
la soledad es una inválida semilla,
heredad antigua, cadena y mortaja...
Pero nadie lo dijo.
Y yo, que esperaba,
tuve que evadirme
por los cuatro puntos amargos del viento.
II
Me sorprendo cercana de la noche,
en vano pregunto y llamo;
bajo un cielo de ruinas
contemplo mis manos
que se alargan como interrogaciones
y veo, palpo, siento,
la soledad.
III
QUIEN quiera leer en mí
que baje los ojos hasta el musgo,
a la raíz misma del llanto,
donde se nutre y se dibuja el perfil de la angustia.
Es inútil buscarme en el verde árbol
que canta su pródigo verano,
su mediodía de pájaros
y la agilidad niña de una esperanza.
IV
SOY silencio y sombra.
Presentida, pálida neblina de una muerte,
siempre epidermis y tacto,
tan íntima y constante
que su voz expresa mis palabras.
y mis huellas son tan sólo el eco
de su propio paso.
V
DE soledades estoy hecha,
vasija y contenido.
Llevo una voz sin sol
que en vano quiere gritar, en el origen,
el color y la anchura del desierto;
en sí misma se encierra y despedaza
al intentar romper la cáscara del mundo.
VI
LLEGO por subterráneas grutas
al intacto manantial del sueño.
Y he ahí que me fugo
de las manos que me oprimen;
intento la estatura del grito
y avanzo hacia mi sombra;
porque nadie sabe
que este silencio de sepulcros
es sólo un eco
de tormenta en la cumbre.
VIl
NUNCA había estado
más cerca de mi muerte.
—Presencia en la rosa,
sombra sobre el agua—
en mí sentida, cierta,
lenta nostalgia o angustia viva,
esperanza o desesperanza.
VIII
DE nuevo, en mi deshabitado mundo,
contemplo mis manos
que se alargan como interrogaciones
y veo, palpo, siento
la soledad.
Si alguien me hubiera dicho...
Pero todos callaron.
lunes, 16 de julio de 2012
Es julio.
(LI)
Puse tu nombre a cada
cosa que me hizo llover.
renombre horas con el sonido de tus pestañas
al mirarme
yo decía “quiero” en
lugar de “quédate conmigo”;
miraba tus ojos, corteza
entre corteza y brotaban bosques en mi piel.
Aprendí a amar cada
telenovela que vimos-¡qué remedio!- juntas,
a saborear las fresas
que en mi lista de disturbios iban primero.
Coloqué primero tus miedos,
luego mis fantasmas;
yo decía “amor” en lugar de “fúgate conmigo”,
dejé que sembraras
girasoles en mi huerto,
con mis manos planté en
tu vientre semillas que creíamos, algún día crecerían.
Le di espacio a tus
caricias,
el preciado tiempo lo
regalé por completo a tu saliva,
quise dejar escrito en
tus muslos la palabra “siempre”
aparecieron marcas que
nos siguen aferrando.
Puse mi piel en tu piel
transparentando el universo,
nos convertimos en el
río de la infancia
y ahora, ahora necesito
decirte: “eres todo”
y sólo alcanzo a
pronunciar “es julio y nos hace falta lluvia”.
sábado, 30 de junio de 2012
Llovizna.
La tarde se deshace
en tristes lluvias gotas, la respiración se acorta, el cuerpo se prepara para
el sueño y yo, imaginariamente en tus brazos habito.
El trabajo diario, la
precisión marcada en el reloj, el ocaso del día viven en mis manos; solo sobre
tu piel pierdo el hastío, acomodada en tu sexo se diluye la cortina del miedo;
solo durmiendo en tu mirada el corazón descansa, se orquesta el gravitar del
tiempo; en tu noche amanezco; duermo en el oscilar de tu canto, soy la
respiración que se adhiere a tus caderas.
Solo en tu voz
respiro, solo en tu voz me recupero.
ATARDECER EN TI.
Ésta tarde canta
en los rincones de mi piel,
a la distancia
tu mirada enciende sin tocarme,
y en la espalda
una estrofa me habla de tu cuerpo.
Hay silencios
oyameles sauces,
gritos lluvia
nieve,
hay frases no
dichas
océanos y ríos.
Un ave está
contándome que vives en mi sombra,
la tarde
transita por tus venas
la tibieza de
los árboles se vuelve nuestro arrullo,
cantas, cantas y
ríes mientras la noche avanza,
cantas y ríes
con mi corazón a cuestas.
lunes, 18 de junio de 2012
A veces uno se cansa de decir y termina vaciándose. Así estoy, tan lejos de cualquier párrafo, tan distante de cualquier verso. Alguna vez leí que alguien decía: si dejo de escribir no pasaría nada. Y en efecto, no ha pasado nada, sólo que este vacío de letras se ésta llenando de un manantial nuevo. Cuando esté rebosante he de volver.
jueves, 22 de marzo de 2012
Tal vez.
Tal vez el destino es esto otro: andar como perdido en los recuerdos; ser prófugo de todas las historias; dejar la pertenencia para los histéricos.
Tal vez el destino era es otro: llorar donde nadie escuche nuestro absurdo; quemar nuestro nombre escrito en un papel; correr, correr, correr la maratónica desdicha de la vida; correr, correr, correr y no llegar a ningún sitio; ser un desarrapado, cubrir la desnudez con nuestros ojos; ser, no ser, ser lo que no se es y dejar de ser no siendo
Quizá el destino solo era esto: labrar la propia muerte comiéndonos la vida.
miércoles, 29 de febrero de 2012
No entiendo.
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